Partida perdida

ajedrez

No hay nada peor que dejarme ganar en una partida que no quiero perder. Dejar caer esa hoja que iba a meter entre las páginas de mi libro preferido, sin querer tirarla. Ese berrinche entre infantil y dramático que le sigue y esas nubes, esas estrellas y ese todo que está fuera del alcance de mis manos. Las miradas perdidas deformadas por las gotas que no se atreven a salir. No hay nada peor que sentir que el deambular por la vida no se dibuja por la determinación de mis pasos, sino por los errores cometidos en la solución de los enigmas de sus caminos.

No hay nada peor que tener la certidumbre de que mis pasos dejan cosas en el camino que por nada del mundo quisiera abandonar. Sentir que necesito otra vida para volver por el mismo camino y entonces cogerla. No hay nada peor que sentir que mis aciertos no son más que descuidos de los errores, y que las llamas de los saltamontes que me acechan me van a quemar el culo mientras lo lleve erguido.

Pienso en la poca perspectiva que ofrece ser un bípedo implume. Con la corta distancia que siento bajo mis pies. Medio metro si llega entre zapato y zapato, si no es que me he quedado ya sin ellos y sin calcetines por haber pisado tanto lodo. Y sin la altura de miras que ofrecen las alas, para levantar el vuelo y ver que te viene y que se va. Pienso en los centauros, con 4 patas, unas a 2 metros de las otras, suficiente para tener 4 vidas de bípedo debajo de su ombligo, y poder pensar sus pasos. O los pegasos, sumándole las alas.

Me jode sobremanera la perspectiva de vivir siempre mutilado, vivir a base de rechazos, de últimos besos, de aromas retenidos en una memoria rebosante, de cielos bajo sus ojos, o sus ojos bajo cielos. De Eronel sonando y mis lágrimas invisibles atándome la garganta, ese piano que tiene la gracia de tejer todas las historias pasadas. Leer las mismas frases para que sus palabras evoquen siempre los mismos sentimientos o recuerdos, a saber qué de las dos cosas, o las dos. Vivir a base de “fingir una vida profunda, de la que solo toco su agua terrible con las punta de los pies”. Y pasan los días, y no tengo días nuevos, solo días de tiempo idéntico al que viví una vez y en el que tal vez hubiera podido…en el que me pregunto qué hubiera pasado…qué seria de…

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